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Serie de Preparación Preescolar: El Dulce Dolor de la Partida

"Tengo muy claro el recuerdo de cuando mi hija tenía 3 años" recuerda Karen Diamon. "No sé qué pasó ese día. Cuando la llevé a la escuela empezó a gritar. El profesor la aguantó y mientras yo me alejaba en el auto ella lloraba desde la ventana. Después de cinco minutos llamé desde el trabajo y estaba muy bien."

Preschool Prep Series Es una escena universal y cada otoño en todas partes alguna madre dejará a su niño en un lugar nuevo y extraño rodeado de caras desconocidas.

Ése es generalmente un momento en que el terror se manifiesta en gritos y lágrimas, pero no te preocupes mamá, pronto te sentirás mejor.

¿Quién se Traumatiza Entonces?
Quizás sería exagerado afirmar que las madres reaccionan a la separación tan intensamente como sus niños. Pero como cualquier madre admitirá, el dolor de su hijo es su propio dolor. Y es difícil no sentir punzadas de tristeza y de culpabilidad al alejarte mientras tu niño grita.

La hija del Karen Diamond tiene ahora 16 años. Karen es profesora asociada de desarrollo del niño en Purdue University y como parte de su trabajo ha sido testigo de muchas separaciones del primer día de preescolar.

School "En mi experiencia la mayoría de los niños no entran en su aula de preescolar y dicen adios sin otros pormenores" dice. "Casi todos llorarán o manifestarán algún tipo de aprehensión."

Según Diamond en muchos de esos casos el niño está reaccionando simplemente a señales muy sutiles que demuestran inquietud por parte de la madre.

"Si la madre no se siente cómoda le transmitirá su incomodidad a su hijo. Si le dicen 'yo voy a estar aquí contigo' o 'si no te sientes bien nos vamos a casa y venimos mañana' el niño va a aceptar esas opciones" dice.

Dichos ofrecimientos pueden aliviar momentaneamente la inquietud del niño sobre el ambiente desconocido, pero luego podría simplemente prolongar lo inevitable y hacer que la escena se siga repitiendo cada mañana.

Facilitar la Transición
A los 3 años de edad la mayoría de los niños han estado ya separados de los padres de un modo u otro. Incluso si la madre es una ama de casa, típicamente ha necesitado ya en algún momento una niñera o el cuidado de otro niño. Todas esas experiencias han reforzado en el niño la seguridad en sí mismo, y la idea de que mamá nunca lo abandonará en un lugar peligroso.

Esta estrategia funcionó para Donna Wolff la primera vez que que llevó a su hija al preescolar:  "Yo jugué con ella a donde se sentía segura y donde no, y a que mamá nunca la iba a dejar en un lugar que no fuera seguro, mamá nunca la dejaría con gente que no fuera buena" dice Wolff. "Este es un problema bastante común, pero incluso no es un problema, es una experiencia común."

Afortunadamente otra parte de la experiencia común es que esta ansiedad típicamente no dura mucho rato. Ambas hijas de Wolf se adaptaron rápidamente y no tuvieron problemas en relacionarse con sus compañeros.

"Jugaban todo el día, pero como se relacionaban con todo el mundo no sabían responderme cuando les preguntaba con quién habían jugado" ríe Wolf. "A esa edad cantan juntos un par de canciones y se voltean uno hacia el otro y ya son los mejores amigos."

Preschool Una de las mejores cosas que se puede hacer para prevenir el trauma del primer día es llevar al niño de visita al preescolar antes de que llegue su día grande. Preséntaselo al maestro, enséñale el aula y explícale qué harán allí, para que el primer día  no le parezca tan extraño.

Y mientras que tratas de que tu hijo aprenda a confiar en su futuro profesor, trata tú también de hacer lo mismo.

"Los maestros son los que mejor pueden decirte cómo va la situación" dice Wolff "porque ellos han tenido la ventaja de ver el comportamiento de cientos de niños."

Si el profesor permite que los niños traigan algunas cosas a la escuela, debes permitir que el tuyo lleve consigo lo que prefiera. Incluso si lo deja guardado durante todo el día, será una asociación con la casa y esto le proporcionará la pequeña dosis de seguridad que necesita para sentirse cómodo.

Kay Bumgardner probó una idea similar con su hija Haley de cuatro años.

"Alguien me dijo que le pusiera un poquito de mi perfume en su mano y le dije que si yo no estaba que la oliera para que sintiera que yo estaba con ella y que todo estaba bien" dice Bumgardner. "¡Funcionó! Cuando llegó el momento de despedirnos en la puerta nos dimos besos y abrazos. Ella vaciló, le dije que regresaría después de almuerzo y regresó para el aula. Después me dijo que estuvo a punto de llorar pero se contuvo."

Si tu niño no se adapta tan rápido como Haley no te desalientes. Éste es un cambio grande y positivo para tu hijo y puede que tengas un poco apuro en lograrlo.

"Uno desea lo mejor para su niño y cuando está molesto uno se siente culpable" dice Diamond. "Los padres toman decisiones con la idea de qué es mejor para su niño y es importante que siempre recuerden el motivo por que hacen."

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